Alberto García-Alix, de cambios y ajustes de cuentas

De donde no se vuelve

El fotógrafo del exceso. Es el epitafio que cincelan en piedra agoreros y juntaletras. El run run del minuto veinticuatro del teledediario, ese espacio antes de los deportes y después de las noticias. La sala de estar donde sientan Abraham García con García-Alix y a los dos con Haneke. Cultura, ya saben. El yonki no ha muerto. Aún. Pero imagino la bobina en el cajón, la noticia en la mesa del editor, esperando el click y el robapáginas de Aquarius a su vera, recordándonos que estamos vivos y locos y que la vida es una fiesta. Bébetela. Yupi.

Supongo que nos recordarán sus muertos en el armario. Nos recordarán sus tatuajes y su TODO y su NADA. Nuestro Harry Powell de Lavapiés, la movida y los agujeros en el brazo.
Quien lo probó lo sabe: si no lo supiera no habría podido retratar esa cara de expectación y pánico del que espera al dealer y no sabe si lo verá aparecer“, lo firma Muñoz Molina en el periódico que le da de comer, y supongo que lo dice desde la seguridad del sillón orejero y la cola de marujas en la Feria del Libro.

“Borrón y cuenta nueva”

Nunca cambies.
Es lo que te dicen cuando emprendes un viaje a un lugar lejano, y también lo que advierten cuando alguien conoce el éxito. Nunca cambies porque serás otro que no es éste. No cambies porque cambiar es nocivo y estúpido, porque si cambias ya no serás nosotros. El cambio es siempre incómodo. Si las cosas están bien, ¿por qué cambiarlas?

Borrón y cuenta nueva
Lo susurra Alberto en la película que rasga las cortinas y oídos del Reina Sofía.
La exposición que le dedicó el MNCARS es un viaje por el pasado y el presente de García-Alix. 200 fotografías entre 1976 y 2008 que nos arrastran hacia su película “De donde no se vuelve”. Noche, muerte, pupilas, pandilla, cuero, humo. Vida.

En sus fotos, en su historia, el cambio es una constante que casi duele. De Madrid a París, y desde allí hasta la noche de Pekín.
Cata etapa es un desencuentro de sí mismo. Una huida hacia adelante, la búsqueda de algo que ya no está. Un cambio innecesario.

“El encuentro es el alma de la fotografía”

Y de la vida, ¿no creen?

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