Alex Katz, historias de amor en Madrid

Fue una mañana del año pasado cuando me metí en las enramadas carreteras que llevan fuera del Madrid centro al que ya estoy acostumbrada.

Las afueras son parte del cuadro que conforma mi infancia, de mi jardín en Pozuelo y la piscina con olor a cloro a finales de Junio, cuando se olía el cesped recien cortado desde la ventana de mi cuarto.

El barrio de la Florida es igual al restaurante de marisco donde celebrábamos comidas familiares importantes. Recuerdo muchas tertulias alrededor de migas de pan, colillas todavía humeantes y vasos con licores muy fríos. Claro que a mi me daba igual, yo sólo quería quitarme el incómodo vestido de domingo que me habían obligado a llevar a la misa del Padre Lucas.

Y como cambian las cosas, que al meterme por las estrechas calles de la urbanización me sorprendían las altas arizónicas a las que tan acostumbrada estuve. Y aparecí delante de una gran puerta de metal, donde se me invitó a pasar a un espacio amplio y verde.

A mi se me parecía un poco al paraíso. Me entraron ganas de clavar una bandera con mi nombre y hacerme cargo del maravilloso descubrimiento en mi plan de exploradora mundial de sitios que rebosan paz.

Me recibió una mujer llamada Isabel que se hizo responsable de enseñarme la colección de cuadros colgados dentro de ese inmenso edificio gris que contenía la muestra del artista: Alex Katz.

Yo no conocía a Alex Katz. Hice, lo que hacemos todos al enterarme de su existencia. Lo busqué en Google, (just Google it!) Y encontré imágenes suyas, grandes y pequeñas, fotografías de exposiciones y fotos de artista pertenecientes a artículos publicados sobre su persona. No me dijo nada hasta que ví una foto en la que posaba una mujer sonriente a su lado. Ella si me llamó la atención.

Así que allí estaba yo, con una recopilación de información basada en: Una fotografía de Eleuthera, un comentario sobre el estilo del artista que rezaba “El reverso de Edward hopper” y la impresión causada por la sonrisa de una mujer posando a su lado en una fotografía.

La primera impresión fué de empatía. La suma de espacio + grandes superficies pintadas, facilitaba esta emoción, Las líneas del edificio eran suaves aún siendo geométricas, la construcción monocroma y los espacios abiertos, los cuadros, gigantescos, parecían llevar colgados mucho más tiempo de lo que en realidad hubiesen estado.

Pero cuando me impliqué realmente, de forma emocional con Katz, fué cuando Isabel me contó la historia más importante de la vida del artista aclarándome la interrogante de aquella mujer en la foto. No fué alguna inauguración de alguna exposición, ni el día revelador de cuando supo, por fin, que quería ser artista. Fue una mañana de año nuevo en Central Park. El primer encuentro con la que sería su compañera de vida;Ada.

De como Ada encuentra a Alex y se convierte en la musa definitiva.

Lo que os digo ahora, lo podéis creer o no. Isabel me dijo que Ada es la mujer más representada en cuadros de la época contemporánea después de Gala.

Que Alex, aquel 3 de Enero, estaba sentado en un banco de Central Park, que Ada aparece con un gorro de pelo de bisón de estilo ruso, que Alex nada más verla y como si de una película a medios y cortos planos en blanco y negro, decide que ella (aún no sabe como se llama) va a ser el amor de su vida.

Los detalles no los conozco, ni me importan, vaya. Prefiero inventarlos y que cada uno haga lo mismo que yo. El caso es que la pintura de Katz es suave y amable, de hombre enamorado y en paz consigo mismo.

Conclusiones:

Que Ada es en gran parte protagonista de su obra y acompañante itinerante a lo largo y ancho del mundo, de segunda de a bordo y sospecho que motor más de una o dos veces.

Que Alex pinta paisajes de su casa de asueto, imágenes de Ada, y mis preferidas, instantáneas demomentos de la upper class de Manhatan, en las que se puede intuír hasta la trama de la conversación.

Que su pintura es plana y de colores alegres y supongo que más o menos saturados dependiendo del humor del artista o su necesidad de impacto.

Que hay cierta melancolía implícita sin que esta tenga que ser necesariamente triste. Como lo son las imágenes de Arcadia o como me imagino yo Alejandría en tiempos del Faro.

Epílogo

Al salir del recinto, mire una vez más aquel jardín verde y me imaginé a Alex fumando un cigarillo junto a Ada, justo antes de la exposición. Ella con una copa de vino en la mano y no se por qué, pero en mi cabeza sonreían y olía a cesped recien cortado.

Cuándo y dónde

Hasta el 27 de abril.
En la Galería Javier López – Mário Sequeira.

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