Bacon sobre seda

Malos tiempos

Todos tenemos ropa en el armario para vestirnos durante los próximos diez años. Como poco. Dejarse engañar, pues, para comprar alguna prenda nueva en los tiempos que corren está difícil. Los gurús dicen que la diferencia la marcará la individualidad (tu nombre bordado, quizás; Miu Miu y Vuitton ya lo hacen), los diseñadores hablan de la vuelta de lo sencillo bien hecho y los registrados en Chictopia dicen que el futuro es Balmain, aunque la tontería se les pasará mañana.

La lógica, nos aferraremos a ella, piensa que para quedarse antes con una blusa que con la cesta de la compra se necesita otra cosa. Que te remueva. Cambio necesidad por capricho. Por eso, los tiempos en los que las referencias de los diseñadores eran “noche de cóctel sobre un yate en Saint Tropez”, vaya telita, se han terminado. Menos cuento y más trabajo.

El (otro) artista

Y así llega Dries Van Noten, todo un señor belga, del grupo de los Seis de Amberes, y decide que su inspiración no flota en el aire. Existe. Un día, parece, ojeó un libro con todas las obras de Francis Bacon y se abrieron los mares. Allí estaban los colores, las formas, las pinceladas. Y nada que objetar: el propio artista se inspiró antes en los magazines, en las postales. No puedes confesar si no tienes crímenes.

Pero Bacon, no nos engañemos, no es agradable. No es fácil. Sus figuras son grotescas a veces; las mujeres no. Normalmente no. Ahí está pues el trabajo de Van Noten, que se las apañó para utilizar los prints y pasarlos del lienzo a las prendas. A seda aterciopelada, a alpaca, a tejidos plastificados. Sobrepasa cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito.

El naranja-Bacon fue sólo el principio. El diseñador apuró en la útlima pasarela de París todo el arsenal de riesgos: chaquetas lánguidas y rosas sobre pantalones color caramelo, cardigan verde mezclado con faldas en tierra. Y el más difícil todavía.  Lana con pailettes brillantes, cuero con satén, top liso con chaqueta de estampado animal. Todo junto, que más es más y menos suele ser mucho menos.

El precio y la recompensa

Aparentemente nada de lo expuesto debería funcionar junto. Aparentemente. Como hacer crecer una flor en un terreno yermo; besar a un muerto y que lo disfrute. Pero aquí todo es fácil de poner, todo es exquisito. Y pagaslo que vale la prenda y lo que no; la proporción de tiempo que ha tardado Van Noten en proponer lo que tu jamás llegarías a pensar.
El belga terminó su desfile con varias salidas de batas largas, masculinas, anudadas con dejadez y en colores camel. Imposible que sea más sencillo, como de jornada distendida. La mujer elegida será aquella a la que veas guapísima el domingo por la mañana. Y hablaremos de gloria si, además, va vestida así.

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