Caos y anfetaminas: los vorticistas toman Madrid

Vorticismo y música Pop

Conocí a los vorticistas -para qué engañarnos- en las páginas de Cosas que hacen BUM, el segundo libro de la trilogía adolescente de Kiko Amat, el viaje en clave pop a la mente delirante de Pànic Orfila, la odisea en torno a la cual descubrimos todas -y son un huevo- sus obsesiones: el surrealismo, el satanismo, los situacionistas, Max Stirner, la música soul, la masturbación y Eleonor, una chica de su instituto. Para colmo también se une a los Vorticistas: un extraño gang de dandis revolucionarios del barrio de Gràcia que posee un amenazador plan secreto.

Vorticismo, diantres. Me sonaba como a títulos de crédito de Saul Bass, a la Dreamcast y las canciones de los Smiths. “Please, please, please let me get what I want” y todo ese rollo afectado que se nos pega al culo en la adolescencia. Un día lees cómics de Daredevil y al siguiente Zasca! todo es gris y pesado y leeeeentoooooo. Y sólo escuchas el crujido de las cuerdas de John Cale y el sonido de la indiferencia de la Eleonor de turno. Puta Adolescencia, creo que lo llaman.

Vorticismo, pues vale. Un día, años después, Eleonor ruge bajo tus dedos y el gris es azul y todo lo que ardía ahora sólo calienta. Y cada día ya no es una vida sino un problema, y cada llamada ya no es un calambre sino una pregunta. Y tú, se supone, ya conoces algunas respuestas. Madurez, creo que lo llaman.

“No me importaba saber que su salvajismo y desparpajo estaban, en algunos casos, condenados a muerte. Que era su único tubo de escape, y estaba a punto de atascarse; como universitarios que sólo se emborrachaban al terminar los exámenes, heavys a punto de cortarse el pelo y casarse con grandes gordas. Rebeldes a media jornada, nihilistas de colonia de verano que, cuando vuelven a casa, retornan a la rutina diaria. Y su insurrección pequeñita queda como un souvenir, como un burrito de paja que se trajeron de sus vacaciones en el desmadre de otros.

La desobediencia como crucero en el Caribe. El inconformismo como intermedio, como tiempo muerto, como actividad extraescolar, como apuntarse a cursos de ballet o guitarra o alemán. Como algo que hacer hasta que el verdadero deber llama. Hasta que llega la hora de madurar y hacerse adulta y retour à la normale, olvidarlo todo.”

Wyndham Lewis · El hombre tras el telón

Hoy es martes. Han pasado demasiados veranos, resacas, cómics, preguntas y Eleonores. Y abres el correo y te encuentras con Wyndham Lewis en la Juan March. Lewis, el misterio, la “Vanguardia en un solo hombre“, el esquivo fundador del Vorticismo escribió más de 50 libros, redactó manifiestos, editó revistas y produjó una fascinante obra, que incluye desde composiciones cubofuturistas y abstractas hasta los retratos.
La personalidad más fascinante de nuestro tiempo” –como escribiera T. S. Eliot en 1918– y “el mayor retratista de todos los tiempos” –como lo saludó Walter Sickert en 1932– pionero de la abstracción, pintor de guerra, novelista, ensayista, editor, crítico y, claro, vorticionista. Y se presenta en Madrid con la primera exposición presentada en España que es, además, la más completa realizada en el mundo desde la antológica que le dedicara la Tate en 1956, un año antes de su muerte. La exposición presenta la vida y la obra artística y literaria con más de 150 obras y más de 60 libros, 10 revistas y manifiestos.

“La locura que desatamos por pasión es lo más cerca que nunca estaremos de la grandeza, Pànic”.

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