Carlos Berlanga: Paracetamol para el alma

Ambición estética

Llevaba un traje plateado y holgado. De Prada. Y estaba nervioso por ver en persona a Siouxie. Siempre era así, dicen, con esa pose de dandi frágil tan manida por las semblanzas, sublimando su tristeza en trozos de papel. Una hamburguesa vegetal. Una contradicción en sí misma y acertijo sin respuesta. ¿Cómo puede alguien tan brillante llevar dentro la semilla de la autodestrucción?.

Carlos Berlanga fue un genio. Punto. Tan poco valorado, eso sí, como leer. Como el tópico: sentarse con un libro entre las manos parece cosa de tiempo libre pero no lo es, requiere mucho esfuerzo. Leer un libro es algo grande. La obra de Carlos, nunca sobre el podio y de apariencia frívola, también.

Más cerca del politono que del underground, Berlanga, que quería ser reconocido pero no famoso, tuvo un poco de todo. Le pilló la Movida en tiempos en los que parecía obligado aparentar modernidad, y todos compraron, quizás por inercia, los discos que luego le dejaron acumular en las estanterías. Castigándole.

Cuentan que en los manuscritos de sus canciones ponía notas en los márgenes; ‘hit seguro’, escribió junto a A quién le importa. Siempre quiso trascender. Y crear. Pablo Sycet, pintor, íntimo y comisario de la exposición que puede verse estos días en Madrid sobre Carlos (hasta el mes de marzo en la Sala de Exposiciones El Águila), lo tiene claro. “La muestra pretende recrear y ensalzar la producción multidisciplinar del que, para mí, es sin duda el artista más completo y brillante de su generación».

Su hermano Jorge Berlanga da en el blanco. «Mucho se ha hablado de su particular carácter, complicado, impredecible, airoso y en ocasiones airado. Capaz de la mayor ternura y la más hiriente aspereza. Quizás tenía más reacciones viscerales de las que él quisiera, con su aspiración de dandi adicto a las virtudes del distanciamiento. Puede que sus afectos fueran contados, pero eran profundos», relata en el católogo editado para la ocasión.

Una persona capaz de ir a un programa televisivo de cocina y cantar, sin apuro, Mari Luz, de Vainica Doble, está por encima de cualquier crítica; no merece que nadie juzgue sus contradicciones. «Las drogas son algo satánico, te afectan muchísimo. Detesto estar enganchado. Detesto la coca y el caballo. Cuando me metí en estos temas era consciente de lo que hacía», reconoció una vez.

Yo, que sólo fui para ti Paracetamol. El arte, tal vez, Ibuprofeno para un alma que nunca encontró su lugar. Demasiada actitud.

Diez canciones imprescindibles

1. y 2. Cómo pudiste hacerme esto a mí / Qué sería de mí sin ti (melodrama en dos partes)

3. 120 años sin ti

4. En el volcán

5. Lady Dilema

6. Indicios de arrepentimiento

7. Noches entre rejas

8. Impermeabilizado

9. Bailando

10. A Cannes (adaptación de un tema de Françoise Hardy)

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