El expediente Aguilé

El expediente Aguilé

Muere Stephen Gately, líder de los Boyzone, y se monta la parrala aunque aquí no lo conocía ni el Tato. Muere Luis Aguilé, el Sinatra del franquismo, y apenas merece unas líneas en las secciones de necrológicas. ¿Por qué?

Gately era gay y murió en Ibiza. Eso, y que era inglés, hacía presagiar que sus últimos estertores los dio macerados en éxtasis y pope. Mala suerte. Fue un edema pulmonar. Pero el morbo sirvió para que la prensa se fijara en él a la espera del gran titular. Era cuestión de tiempo que se pudiera hablar de orgías o cosas peores. Pero el titular nunca llegó.

Aguilé, en cambio, murió de cáncer en un hospital de Madrid rodeado de los suyos. Ahí estaba su mujer Ana, a la que conoció siendo él ya toda una estrella y ella una simple modista de las que se ganaban la vida cosiendo a domicilio. Cuando los conocí, hace ahora tres o cuatro años, se miraban (y parecían quererse) como si aún tuvieran 16 años pese a llevar más de 30 casados . Eso no vende una escoba.

Y sin embargo, Aguilé merecía mucho más. Llegó a España en 1963 con 27 años, cuando ya había tenido tiempo de triunfar en Argentina, y con sus rostro aniñado pronto se convirtió en el yerno que toda madre quería tener (una especie de Cantizano avant la lettre). Apenas puso un pie en nuestro país y ya se había convertido en el crooner por excelencia que se rifaban las mejores salas de fiesta.

Sus letras, alegres y vivarachas, parecen hoy a la inteligentzia local pura caspa, lo cual es de comprender cuando sobran grupos en este país (esos Orejas de Van Gogh, Sueños de Morfeo, Bisbales y Cantos del Loco) que haría palidecer de envidia al mismísimo Sófocles. Tell Him, de Vonda Shepard, será un temazo, pero pocos recuerdan que Aguilé nos hizo vibrar con Dile unos 40 años antes. En inglés todo suena mejor.

A lo largo de su vida llegó a manejar un repertorio de cerca de 400 títulos (800, según otras fuentes), en los que se incluyen temas míticos como Cuando salí de Cuba . La canción pronto se convirtió en un hit entre los gusaneros de la Pequeña Habana de Miami. Según él, vivía en la isla cuando la Revolución y tuvo que entrevistarse con el Ché para poder irse llevándose algunas de sus pertenencias. Una historia de la que contó tantas versiones que, en realidad, él no compuso la canción y que -aunque si vivió en el país- sus vivencias eran, más que otra cosa, fruto de su imaginación.

Azote de censores

Curiosamente, no fue su único encontronazo con la Canción Protesta. Señor Presidente, se ha convertido en un hinmo contra contra Chávez , De hombre a hombre, en cambio, le valió la censura en el Chile de Pinochet. De milgaro Soy currante no se convirtió en el himno del sindicato polaco Solidaridad . Probablemente en este epígrafe haya que incluir su homenaje a Carlos Fabra, el padrino de Castellón, a quien cantó -previo pago- la inmortal Nadie me quita mis vacaciones en Castellón, el himno de Marina D’Or (ciudad de vacaciones). Y es que un cantante sin una leyenda –verdadera o falsa- no es nadie.

En una vida tan dilata (73 años) tuvo tiempo de recopilar tantas anécdotas como corbatas (algo por lo que se hizo famoso). A finales de los 70 su programa El Hotel de las 1.000 y una Estrellas (lo más picante que emitía la televisión de la época) fue suspendido de la noche a la mañana por un streap tease en el que a una actriz, disfrazada de monja, se le llegaba a ver dos centímetros de pantorilla. Más de un franquista murió empalmado y se cortó por lo sano.

En las distancias cortas, Aguilé era un tipo curioso. Con casi dos metros de alto y aspecto, no ya de dandi sino de galán, demostraba un excelente sentido del humor y una sorprendente cultura (aunque sea difícil creer, como decía, que llegó a ser finalista del premio Planeta). Pero sobre todo, tenía actitud. Hablaba con el aplomo del que se siente capaz de llenar el Maracaná para una gala, totalmente ajeno al hecho de que ya sólo lo querían de relleno en programas de televisiones autonómicas.

A reivindicar

Sus coqueteos con la zarzuela, el cine o la literatura (escribió, entre otros, la infumable La nieve de las cuatro estaciones, un delicado eufemismo para referirse a los peligros de la drogaina) tuvieron más de fracaso que de éxito. Sin embargo, nadie podrá negar que tenía lo que –según Loquillo- tiene que tener todo crooner que se precie : actitud. A él, le sobraba.

Quizás las leyes de la biología se llevaron hace tiempo a la mayor parte de los que fueron su publico natural, pero en los últimos años se ganó con creces una peana en el panteón de lo friki. Por eso hay por ahí un cansautor que se hace llamar El Tio Calambres y por eso Los Petersellers grabaron una versión de esa canción. Como hicieron Dr. Explosión con La Chatunga o Los Soberanos con Ven a mi casa esta navidad. Y la lista no es completa y no incluye, por malograda, su colaboración con Def con Dos.

¿Por qué Aguilé, que un día la juventud lo recuperará y respetará como hizo con Raphael, mereció menos papel que Gately? Un enigma.

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