Elio Berhanyer: él sí estuvo con Balenciaga

Confesiones, secretos, intramoda: Óscar de la Renta viajó a Estados Unidos gracias a él, Balenciaga le confesó su retirada, las tendencias no existen. Verdades («porque yo nunca he mentido») de un mundo menos frívolo de lo que muchos quieren hacer creer. «La moda no es banal». Elio Berhanyer (Córdoba, 1929), que acaba de recibir el Premio Nacional de Diseño de Moda, repasa vida y talento haciendo «lo que más amo en mi vida». Para «el viaje al castillo de irás y no volverás», avisa, todavía quedan metros y metros de tela.

«Empecé haciendo dibujos relacionados con la moda y luego algunos escaparates y sombreros…» hasta que Elisabeth Arden le compró sus primeros tres trajes. «Por 50.000 pesetas». Berhanyer llegó a la moda de manera casual, pero todas las grandes cosas pasan casi sin querer. «Un día fui al cine y me vinieron a buscar para que saliera: Balenciaga quería conocerme».

Cristóbal Balenciaga, «para mí, Dios», le confesó mientras cenaban juntos que su tiempo había pasado, que la moda ya no era lo mismo y que el incipiente prêt-à-porter de los años sesenta «anunciaba su retirada». Berhanyer sí se entregó al nuevo fenómeno de la ropa instantánea. Pero tiene clara la diferencia: «siempre voy a respetar más al diseñador de costura, no es lo mismo tocar y hablar con la mujer que hacerlo pensando en figuras imaginarias».

Él sí departió con Balenciaga, y heredó, junto a Pertegaz, «a buena parte de sus clientas». Pero otros no. «Óscar de la Renta dice que trabajó con él, pero eso no es verdad. Y no me gusta que la gente diga mentiras». Aunque, reconoce, «es un buen diseñador». En general, no habla de sus compañeros—«nunca diré si me gusta o no el trabajo de otro»—, así que de sus labios no saldrá si el vestido de Pertegaz para la princesa Letizia era o no de su agrado. Puede que sí, puede que no.

Berhanyer luce en nuestro encuentro un Kipá negro, con la palabra ‘Jerusalén’ bordada. Complemento que ni aparece en los editoriales de moda ni parece una combinación tendenciera. «Las tendencias no existen, si todo el mundo hace cosas en amarillo, yo no voy a hacerlo así. ¿Quién dice lo que se lleva y lo que no?». «Las tendencias acaban en lo baratero». Y punto.

Así, el maestro desmonta otros tantos mitos: «Si una mujer entra en un sitio y todos le miran, no es una mujer elegante». Uno más: «Todos los artistas han colaborado haciendo moda, Picasso, Dalí, Miguel Ángel… la moda es más importante de lo que parece». Y una realidad que no necesita que nadie descubra, que la moda, en España, «no sale, no busca mercados en el exterior». De regalo, un empujón para los que piensen que se han quedado por el camino: «aconsejo pasar hambre; la primera vez que entré en un atelier (fue en el del valenciano Pedro Rodríguez, según recordó) lo hice con las alpargatas rotas».

Palabra de alguien al que no le queda nada por demostrar pero que, quizás, no ha tenido el final merecido. “Estoy muy contento con este premio, aunque mi carrera está en el ocaso”. Su tienda-taller ha cerrado; su firma, presumiblemente, no seguirá en marcha. ¿Qué hubiera pasado si Elio hubiera hecho carrera fuera de España?

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