George Condo, comedia del arte

Rodrigo es calvo y gordo y tiene una mandíbula extrema. Es el hombre que aparca tu coche en el restaurante, el marido que folla mal. “El pianista en la boda tocando la peor canción del mundo”, segúnGeorge Condo (Concord, EEUU, 1957). Es un personaje recurrente en sus últimos trabajos; feo, desagradable, casi demoníaco. “Cubismo psicológico”. Varias caras mostradas de forma simultánea; seis ojos, unos cuantos pares de dientes, cuatro piernas. “Los cuadros realistas son el cuerpo del artista. Los abstractos son la mente”, dice. ¿Qué demonios pasa entonces por su cabeza?

Condo, con formación musical en su juventud, creció junto a Basquiat, Haring y Warhol. Pero no era como ellos: “Es un pobre pintor… que tiene una habitación en el Ritz”, dijo en una ocasión el artista pop. No tiene ningún problema con el lujo. Él atrae al lujo y el lujo le atrae a él. De forma natural. En su estudio del Upper East Side, juega entre pinceles, colores y tabaco con un jersey de Charvet sobre una camisa blanca impoluta. Un jersey de Charvet es caro. ¿Y qué? Recientemente compró una mesa Louis XVI y seis sillas Regency, “porque los gatos habían destrozado los muebles viejos”.

Nunca, reconoce Condo, ha tenido problemas para vender obra. Ahora menos: Kanye West le pidió que ilustrara la portada de su último disco, My beautiful Dark Twisted Fantasy, y ahora se ha convertido en un must para las revistas de moda. Pintó a un negro horrible teniendo sexo con una figura imposible, un fénix de alas gigantes y cuerpo de pecado. La cubierta fue censurada, justo lo que quería West. Hizo varias portadas más, intercambiables. Funcionó.

“Tenías que haber hecho la portada para el disco de Susan Boyle” (La madre de Condo al artista tras enterarse de la polémica)

Puede parecer un pijo divino o un trastornado con dinero. Pero esperen: Vivió durante un tiempo en Santa Cruz de Tenerife. Por amor. Conoció a una chica y se quedó. Siempre hay una chica por medio. Llegó a las islas, eso sí, porque la droga allí era más barata y fácil de conseguir. Pero amor, hubo. También al arte, porque Condo invierte la mayor parte de sus ganancias en obras de Picasso o Rauschenberg; cuando se queda sin dinero las vende, cuando lo recupera, vuelve a comprar. Como un hombre de varias cabezasdeformadas, como un creador en algún lugar oscuro entre la luz y el (mal) estado mental.

Su obra reciente es una suerte de melodrama escrito por un maniacodepresivo, un mundo de fantasía repleto de seres grotescos e imposibles. Condo puede ser bueno, puede ser malo y, luego, puede ser también regular. Regular no es una mezcla entre los dos estados anteriores, tiene más que ver con ser bueno cuando no te importaría ser aséptico. Hace creer a los demás que todos juegan en la misma liga porque, realmente, le da igual si juega o no. No es locura, es actitud. Riqueza mental. Y de la otra también.

El arte es como un tigre dando saltos y dentelladas.

*La exposición de George Condo, Mental States, puede verse hasta el 15 de enero en la galería Hayward de Londres. En 2012 expondrá también en Frankfurt.

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