La calle

Sucede que Blancanieves dejó de ser la niña tonta y pija que era cuando la secuestró su cuento. Cuando consiguió salir lo primero que hizo fue intentar volver al mundo por su propio pie; sin entretenerse demasiado fue reconociendo las paredes que iban dirigiéndola hacia donde quería llegar, que de momento era cualquier parte donde pudiera tropezarse con todos; lo mejor, pensó, sería encontrarlos en uno de esos momentos sin muchos significandos, como desayunando en un bar a primera hora de la mañana, o fumando y dejando escapar el humo por una rendija en el lado izquierdo de la boca; la cabeza helada y los ojos calientes de rabia iban tirando de ella.

Al pisar la calle, la primera pregunta del cargador, que iba a ser la más importante y la que permite que continúe la historia. Clack: -por favor, ¿una armería? Aunque les sorprende se lo dicen (¿por qué no se lo iban a decir? guardan un buen recuerdo de ella, aunque por respeto prefieren dejar los comentarios –me leían tu vida todas las noches…después tuve las cintas de cassete, y cuando la sacaron en vhs me la alquilaba- para otro día). Entra. Clin-clin –quizás el clin-clin fuera un poco más largo, ahora no me acuerdo y este detalle tampoco es tan importante-. -No me lo envuelva que es para ahora. Clin-clin. La estrella internacional siembra la calle de muertos: los perros al no tener consciencia de lo que es un cadáver pasaban por encima y parecía que aprendieron a sonreír en ese momento, al dejar de notar por un instante el frío del suelo. Los últimos en caer son seis de los siete enanos. El que queda es el que va a contar la historia de todo este jaleo.

Cuando llegaron con las luces de colores nadie recordaba qué había pasado. Lo único que no habían podido olvidar es que a lo lejos empezó a cantar Antonio El Chaqueta con un poso elegante de tormenta y la única imagen que no se les había borrado de los ojos era que habían visto, por primera vez, a un ángel que parecía saber que para quedarse sólo no hacen falta instrucciones.

Las viejas empezaron a contarles el relato a las niñas, y cuando las chicas se hicieron viejas no rompieron la tradición y siguieron añadiéndole pulsaciones por minuto. Y así es como te la cuento ahora.Pero este ya no es aquel cuento de los Grimm brothers.

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