La exposición imposible de Jasper Johns

La modestia es el valor de los mediocres. “¿Piensas que podrás hacer una exposición mía?”, le dijoJasper Johns, con su áspero humor de 80 años, a la comisaria de arte Martine Soria. Porque el pintor, lamentamos, no se prodiga en exposiciones ni presta obra ni se reclina ante los homenajes. Para qué. Estaba tumbado en el salón de su casa y esperaba respuesta: “Bueno, me dijeron que llegar a su estudio también era imposible”. Y así se inició una conversación amable de más de tres horas entre una mujer de encanto parisino y un hombre que demostró que la no modestia también puede ser sinónimo de cercanía. “Johns es brillante, excesivamente brillante”, según Soria.

Y esquivo. Las huellas de la memoria, exposición que presenta estos días el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), es de todo menos habitual. Recoge más de 100 obras, 20 de ellas cedidas por el propio Jasper Johns (Allendale, Carolina del Sur, 1930), en una de las retrospectivas sobre su obra más importantes que se han mostrado en Europa. “Y en Estados Unidos incluso”, según matiza la comisaria de la muestra. El autor, cosa rara, enseña por primera vez una suerte de escultura, un gran grabado de aluminio (Numbers, 2007) en el que revisita un cuadro de pequeño formato que pintó 50 años antes. Consuelo Císcar, directora del museo, sabe que la cosa huele a éxito y reseña a toda página. “Me interesaba mucho conseguir esta exposición porque era un reto, es muy difícil que un museo español ofrezca algo así”.

La exposición abarca parte de la producción realizada entre los años 1954 y 2010, prestando especial atención al valor que la escritura y los números tienen para Johns. Y las banderas y las dianas que le han convertido en referente del pop art. Más o menos. “Anunció el inicio de esta corriente pero rechazó constantemente los límites del arte”. Johns utiliza lo cotidiano para hacerlo pedazos, la repetición, la artesanía de consumo.

Cuanto más evidente es el qué, más atento se estará al cómo (Stockhausen)

Un diseñador de moda valenciano intentó hace poco recrear cuadros de Johns a modo de ejercicio de estilo a medio camino entre la ropa y el arte. Así, una bufanda definía un número de los que el pintor incrusta en casillas regulares. Sin darse cuenta, vaya, que la forma no tiene tanta importancia. El autor se identifica con la realidad, extrapola sus fragmentos y los congela fuera del tiempo. Porque, como dice Luciano Caprile en el catálogo de la muestra, Johns parece querer afirmar: este es nuestro mundo a través de sus símbolos utilizados cotidianamente. Aunque lo diga sin gritar.

El IVAM presenta así una extensa producción que se reparte entre óleos, encáusticas, dibujos sobre papel, grabados, gouaches y esculturas; con obra de la National Gallery of Art de Washington; MFAH de Houston; Whitney Museum, Nueva York; The Broad Art Foundation, en Santa Mónica; Milwaukee Art Museum; Centre Georges Pompidou en París; o la Tate, en Londres. El propio museo valenciano ha sacado su propia colección del armario. La ocasión lo merece.

El próximo mes de marzo se espera a Jasper Johns en la ciudad para recoger el Premio Julio Gonzálezque acaban de concederle. Es probable que venga aunque, según Soria, “a su edad sigue el mismo camino de siempre a pesar de vivir cubierto de gloria y honores”. El de la crudeza y el gesto torcido, vaya. O quizás no. Quizás logren conseguir un imposible más.

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