Locos por las faldas

Al mejor estilo zolesco en J’Accuse: Yo, no me la pondría. Sí, la falda masculina, esa prenda de la que tanto se habla pero a ver quién es el guapo que se la coloca viralmente y mantiene el tipo virilmente. Y eso tiene su miga. El crítico king-size de moda y danza de El País, Roger Salas, propone un juego de cadáveres exquisitos y punzadas certeras repleto de oscuridades góticas, fantasías románticas, objetos fetichistas, y piezas de tela capaces de suscitar, para bien o para mal, una conversación o ligeramente un comentario ligero.

La exposición ‘Hombres en falda’ recala en la Nau de Sagunt dentro de la programación del Festival d’Estiu de Teatres después de su andadura por Madrid (2006) y Sevilla (2008). En esta instalación, cobra especial relevancia la falda masculina como instrumento estético en el vestuario de danza y ballet, con prendas excepcionales como el traje que usó Rudolf Nureyev para el ballet La Sylphide (Bournonville) custodiado en los fondos de la Ópera de Roma, la que lució Nacho Duato en “Mediterránea” o la elegancia neo-folclórica de Armani para el neo-bailaor Joaquín Cortés. Todo es cuestión de hábito, como bien sabe el monje.

Al tiempo se ha focalizado un apartado sobre algunas variantes de la falda masculina tradicional, desde el kilt escocés o irlandés, con sus variantes, hasta el traje de los derviches turcos o egipcios, concluyendo con los hoy muy popularizados pareos étnicos de Asia o el Pacífico en un display que es toda una dilatada fantasía homoerótica. La tradición nos lleva documentalmente a Egipto, Sumeria, Grecia o Roma, culturas en las que los hombres impusieron la falda, que desde los ochenta (J’accuse: Miguel Bose, Montesinos, Locomía,…) intenta abrirse camino, infructuosamente, en el ropero masculino.

Faldas rectas, de tubo, acampanadas, fruncidas, falda-pantalón, plisadas, maxifaldas, a tablas, o mínimas expresiones. Muchas de las piezas expuestas en esta instalación artística, que se sumerge en las fuentes de las fashion performances de la artista serbia Marina Abramovic, han sido especialmente concebidas para la exposición. Francis Montesinos, Roberto Verino, Carlos Diez, David Delfín o Amaya Arzuaga son algunos de los referentes nacionales que han colaborado en esta original iniciativa. La selección es variada y contradictoria, que son síntomas de la vitalidad de sus propuestas.

En Valencia se adhiere al proyecto un grupo de diseñadores bien ecléctico y que cubre la cuota provincial con diferencia. Están todos los chirripitifláuticos del mundillo local: desde el clasicismo evolucionado en total-black de Tonuca, el juego patchwork de Retal Reciclaje, el neo gótico con conexiones manga de Fidel David, a la visión camp del camuflaje de la Cantante Calva, pasando por las claves cinematográficas (literal) de Víctor Pau, la impostura masculina de José Zambrano, o la propuesta de punk contenido de Alejandro Sáez de la Torre… si es que son la tira. El resultado es un diálogo bien provocado y conducido, y reescrito escénicamente en la Nau de Sagunt con astucia.

Véanlo. Esto-es esto-es esto-es todo, amigos.

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