Mark Oliver Everett · La belleza de lo raro

Lo normal cuando eres una estrella de la música es esnifar cocaína, destrozar habitaciones de hoteles de cinco estrellas, desayunar absenta con cereales y tener relaciones sexuales con mujeres de esas que jamás leerían el cuento de los Tres Cerditos a tus hijos.

O, al menos, eso es lo que yo haría.

Sin embargo, cuando vives sólo con tu perro y apartado de la gente, te gusta acostarte temprano y tienes pasatiempos tales como pasarte horas observando a los pájaros, fumar habanos en el porche de tu casa o estar sin afeitarte dos años, ni eres una estrella de rock ni eres nada. Lo que tienes es una pedrada en la cabeza digna de mención.

A no ser, claro está, que te llames Mark Oliver Everett (Mr.E, para los amigos), tengas una banda de música que se llame EELS y seas un puto genio (raro de cojones, pero genio al fin y al cabo) haciendo eso que algunos llaman “crear música”. Entonces, en ese caso, puedes hacer lo que te de la real gana. Como por ejemplo, sacar un disco cuando tú estimes oportuno y que sea una obra maestra, escribir undivertidísimo libro autobiográfico para unos nietos que no existen (y donar las ganancias a distintas asociaciones a favor de los pájaros), grabar el videoclip de The look you give that guy con la guapísima Padma Lakshmi o simplemente dedicarte a ver cómo se seca la pintura en la pared de tu casa (esto último aún no lo ha llegado a hacer, o al menos no nos consta).

Porque este tipo lleno de rarezas, manías y perseguido por las más variopintas tragedias familiares que convertirían la vida de cualquiera en una película de humor negro (su padre , un afamado científico, murió de muerte súbita, su hermana falleció de sobredosis, su madre de cáncer y su prima junto con marido, en el 11-S) es, sencillamente, uno de los mejores cuando se pone a hacer canciones.

Canciones sencillas, canciones tristes, canciones sobre pájaros, canciones sobre el amor, canciones cantadas con una voz desgarrada y un finísimo sentido del humor, de ese que te hace cosquillas en el cerebro, canciones, en definitiva, sobre la vida. Y las compone con lo que a simple vista puede parecer una facilidad pasmosa y con un cariño y una sensibilidad especiales. Como el que hace zapatos, relojes o violines de forma artesanal, cuidando todos los detalles. Como cuando la chica que te encanta te prepara el gin tonic perfecto. Porque lo bonito de la vida es precisamente eso, los detalles.

Tal y como escribe Rodrigo Fresán, si estuviéramos en un planeta normal, canciones de Mr.E como Hey man (now you are really living) serían hits mundiales en cualquier radio del mundo. Es, sencillamente, irresistible. Sin embargo, nos hemos de conformar con la inefable Lady Gaga, cuya repetida escucha es tan recomendable para la salud de uno como andar descalzo sobre brasas incandescentes o hacer malabares con cuchillos afilados.

Ahora que parece que el mundo se hunde y que el cielo se cae sobre nuestras cabezas, disfrutemos de los zapatos, relojes y violines hechos a mano. Y de Padma Lakshmi. Y de los gin tonics perfectos preparados por chicas con los ojos verdes como rodajas de kiwi.
Y, por supuesto, disfrutemos de las canciones de EELS.
Y que nos quiten lo bailao.

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