Pájaro Sunrise. Sentido y sensibilidad

Ponga cualquier disco de Pájaro Sunrise en su casa. Suba el volumen. Alto. Muy alto. Hasta que su vecina, en bata y rulos, comience a aporrear la puerta. Hágase también con una copa y una botella de lo que le guste beber: vino, ginebra o whisky. Usted elige las armas. Por supuesto, guárdese la cerveza para otra ocasión. Tal vez para un disco del Coyote Dax. Aquí se exige un mínimo de buen gusto.

Póngase cómodo, sírvase una copa y disfrute del vuelo.

Con la primera escucha del disco -y la correspondiente primera copa caída en combate- quedará totalmente hipnotizado por la música que le envuelve. Por la sutileza de sus melodías y sus letras descarnadas en las que se suceden frases que se tatuaría sin dudar en el antebrazo.

Tras la segunda escucha y copa, empezará a acompañar la música con palmadas enérgicas, silbidos y participará activamente en los coros. En un momento dado, no descarte sorprenderse a sí mismo rasgando una guitarra imaginaria.

A la tercera, invitará a bailar a su vecina, brindará con ella y comenzará a trazar planes para cambiar la televisión de su casa por una pandereta u otro instrumento de similar exigencia musical y largarse de gira con estos tipos a tocar por ahí.

Ni se le ocurra servirse la cuarta.

Old Goodbyes

Pájaro Sunrise saca nuevo disco, Old Goodbyes, lo cual es una estupenda noticia.

Su nuevo trabajo es una maravilla fugaz de 28 minutos, dividida en ocho canciones, breves, directas y potentes como un Martini, que sirven para paliar el síndrome de abstinencia que muchos arrastrábamos desde que sacaron aquella obra maestra llamada Done/Undone. Si aún no ha escuchado este disco deje cualquier cosa que esté haciendo ahora (da igual si se encuentra transportando un piano por unas escaleras u operando a alguien a corazón abierto) y corra a su casa a escucharlo.

Cuando alguien escucha por primera vez algo de Pájaro Sunrise, se siente como uno de esos excéntricos y desaliñados tipos que van por la playa armados con un detector de metales y que, tras pasarse meses desenterrando latas de coca cola oxidadas, de pronto halla un tesoro pirata que llevaba enterrado mucho tiempo, esperando a que alguien lo descubriera.

Ante este tipo de felices hallazgos, lo elegante y lo propio es salir disparado a contárselo a todo el mundo, tal y como hizo el torero Dominguín cuando consiguió despertarse al lado de Ava Gardner, ese bello animal que se bebió la vida a tragos largos.

El arte de ser una esponja

Sostienen los expertos que el verdadero talento de Picasso residía en que era una esponja que absorbía las virtudes y talentos de los demás. Siempre fue un observador, un eterno aprendiz con los ojos siempre muy abiertos.

Yuri Méndez, alma máter de Pájaro Sunrise es también una esponja. “A mí lo que me gusta es escuchar música” sostiene. “Para hacer música se requiere una técnica que se aprende tocando, desde luego, pero, sobre todo, escuchando y siendo un estudioso de la música”. De este modo, lo mismo te habla fascinado de su último descubrimiento de electrónica, del dubstep y de James Blake, que te disecciona sus discos favoritos de Ryan Adams o te confiesa que se ha pasado el último mes escuchando de manera compulsiva toda la obra de Bach o Mahler.

Y he aquí la grandeza de este grupo: bebe de tantas influencias que es inclasificable, como esos futbolistas que nadie sabe de qué diablos juegan, únicamente que son unos genios y que es mejor dejarles a su aire. Sólo así se explica que sean capaces de sacar temazos bailables como Kinda fantastic, atreverse con versiones como la de Hungry Heart, de un tal Bruce Springsteen, o escribir canciones por las que matarían los chicos de Kings of Convenience o Bon Iver, como esa descomunal Song for Evangeline.

Por esos misterios de la vida, Pájaro Sunrise no es un grupo excesivamente conocido en nuestro páis. Sin embargo, tienen legiones por seguidores allende nuestras fronteras (han hecho giras hasta por Japón). No podemos saber si esta situación cambiará ni si el gran público español empezará a reconocer su enorme talento.

De lo único que podemos estar seguros es que, mientras tanto, las canciones de Pájaro Sunrise te moverán. Te moverán por dentro y por fuera.

Y brindamos por ello.
Chin chin.

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