Parfums de Niche: Therese, de Frederic Malle

Hay muchos perfumes que están inspirados en preciosas historias de amor, pero muy pocos son puras declaraciones.

Empecemos por el contexto.

Si a un aficionado a los perfumes le preguntas cual es la mejor casa de perfumes que conoce, seguramente responderá Editions de Parfums Frederic Malle sin ninguna duda. Yo al menos lo hago. Si no lo hace es que aún no los ha olido. Las razones son claras: sus perfumes son perfectos. Los mejores perfumistas trabajan para el Sr. Malle con toda libertad de creatividad, tiempo y presupuesto. Además Malle les cede todo el protagonismo, en cada frasco el nombre del creador comparte protagonismo con el de la fragancia. Por supuesto los resultados saltan a la vista, o al olfato mejor dicho. Olores reales, auténticos, potentes… Las flores huelen carnales, las maderas están bajo la lluvia y hasta hay una rosa que parece carmín.  No existen los titubeos, ni las medias tintas. O consiguen que arrugues la nariz o que caigas rendido a sus pies.

Pero aparte de los olores, es toda la atmósfera que los rodea. Los pocos puntos de venta, la escasez de muestras en circulación, las historias… incluso sus papeles secantes tienen magia. Un papel de esos fue el que me atrapó e hizo que hace unos años apenas saliera de casa en un mes para poder comprar un simple frasco de 50ml.

Mi parte racional quiere creer que fueron las notas de mandarina, ciruela, rosa, vetiver o cuero las que consiguieron atraparme, pero mi yo Austeniano es consciente de que hubo algo más.

Edmond_Roudnitska

Edmond Roudnitska fue uno de los grandes perfumistas del siglo pasado. Creador de las mejores fragancias de la casa Dior, también le hizo un perfume propio a su mujer Therese en la década de los sesenta. Si bien los de Dior fueron reconocidos en todo el mundo, la fórmula del perfume de Therese la guardó en el más absoluto secreto. No fueron pocos los perfumistas que se interesaron por ella, conocían a Therese y anhelaban saber la incógnita de su olor. Era original, diferente a lo que se conocía hasta entonces, totalmente innovador. PeroRoudnitska no abrió la boca y sus colegas se conformaron con apodar “ciruela” a la secreta esencia.

Tuvo que aparecer Frederic Malle en escena, cuarenta años más tarde, con su filosofía de tratar cada fragancia como las obras de arte que eran, para que el secreto saliera a la luz. Fue algo antes del 2000, con Roudnitska ya muerto, cuando Malle se puso en contacto con Therese y su hijo Michel, también perfumista y autor del Noir Epices para la misma casa. Estos accedieron al lanzamiento de la fragancia y junto con la llegada del nuevo milenio salió al mercado “Le Parfum de Therese”. La incógnita fue desvelada:

Notas de salida: Mandarina, pimienta y melón.
Notas de corazón: Jazmín, violeta, rosa y ciruela.
Notas de fondo: Cedro, cuero y vetiver.

El mítico olor, el de Therese, también lo sentí propio desde el primer momento que lo olí. Se me dibuja una sonrisa cada vez que recuerdo aquel momento y aquel papel secante de la casa Malle, que durante un mes, fue el marcapáginas de mis libros y el que me acercaba a la nariz cada noche antes de cerrar los ojos.

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