Yves versus Cravan

Arthur Cravan fue un hombre que, según dice la leyenda, remó mar adentro, en convulsas aguas mexicanas, hasta el suicidio.

Yves Klein, también según la leyenda, se desesperó hasta el punto en que se apagó su corazón de bengala, tras ver en una película su obra malentendida, traicionada o, quién sabe, ambas cosas.

Cravan era boxeador, campeón de Francia.

Klein, cinturón negro y pico de judo.

El primero agitaba culturalmente, en términos actuales.

En términos actuales, ambos agitaban culturalmente.

Arthur era sobrino de OscarWilde. Y lo idolatraba. Hasta se rumoreaba que podría tener lazos de sangre más cercanos. Pensad en la expresión lazos de sangre, es bella.

Yves Klein no era sobrino de Oscar Wilde, pero bueno, era hijo de Francia, cosa menuda. Y de Marie Raymond. Y seguro que lo admiraba, a Wilde. Es más fácil que no hacerlo.

Todos sabemos que si se quieren buscar puentes, más precarios o más regios, se acaban encontrando, y si no, se tala un árbol y se salvan acantilados, como en las películas. Pero yo creo que no se merma el bosque en este caso. Porque si se me permite decir que de ser cigarro el arte, Klein es el cigarro que ya no es cigarro pero si humo que se va, y Cravan son los labios sensuales que se tragan el momento. Cravan y sus tres conferencias, de las que dio dos, pues otra se la perdió en el bar, que acababan en orgía enfurecida. El arte del golpe: El conferenciante bailará, boxeará y al final del acto se suicidará . La conferencia de Yves Klein donde sólo dijo “al principio es una nada, luego una profunda nada, después una profundidad azul”, parafraseando a Bachelard. Anticipar, precursor, influenciar, performance, happening, efemeridad. Señores, vayan sacando etiquetas del cajón de las etiquetas, por favor. Pero es igual, no importa, tenemos paciencia. Se entiende.

Se reedita ahora y una vez más la revista que Arthur, por Rimbaud, poeta siempre y a puñetazos, dandy loco a veces, loco a secas otras. Maintenant era vendida por su autor en el hipódromo y la promocionaba en el Barrio Latino de París, a la manera del hombre anuncio. Digo su autor porque la escribía él solo, entera, bajo diferentes seudónimos. Si quieres que salga bien, hazlo tú mismo, debía pensar. De Kleindebería reeditarse cada 27 de noviembre ese periódico, tan periódico que salió una primera vez y sin noticias de una segunda; ese salto al vacío, que repartió en cada kiosko él mismo y con la ayuda de amigos (se pueden ser varias personas, pero sólo se puede ser un cuerpo, sepa usted).

Dos hombres cuya desgracia fue haber sido tocados por la gracia. Parece irónico. Pero lo que de verdad es irónico es que se reedite Maintenant. Me alegro. Ésa es la noticia.

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